viernes, 19 de septiembre de 2008

La peli que me vi anoche


Una película sobre los caminos dejados atrás, tres hermanos que emprenden un viaje a la India después de la muerte de su padre.
La última escena: corren tras un tren, cargados con las maletas que un día pertenecieron a su padre y se dan cuanta, que si no las tiran, no podrán nunca alcanzar ESE tren.

Acto liberador ese de tirar las maletas… y seguir adelante. Las maletas se quedan, pero ellos suben al tren. Las películas pueden tocarte o no en la medida que muchas veces son estas el espejo de tus propios dramas personales.
Hay que caminar por el mundo mas ligeros de equipaje, tirar las maletas y seguir adelante!

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La ultima peli que me vi


Me falta disciplina hasta para esto.

Tiempo sin escribir, hace una más de una semana volví, hace 11 días para ser exactos. Si, 11 días he tenido para actualizar este blog, para escribir sobre las vacaciones y el regreso a casa, sobre el amor y el bicho seco, sobre el retomar actividades y el comienzo de un nuevo año académico (aquí el año empieza en Septiembre!) sobre las pelis que he visto, los sueños que he tenido y las cosas que he hecho. Y nada, no he escrito nada.

¿Digo que si? ¿Digo que no? Cuando tengo que tomar una decisión, espero que una vos salida no se de donde me diga que hacer, esa vos de mi imaginación-casualmente- tiene la misma vos de mi papa, esa misma vos que tengo grabada en un CD, que antes estaba en un cinta, una cinta del 78, donde se escucha mi llanto y la vos de mi papa calmándome…. Esta noche espero, como tantas otras, escuchar tu vos papá.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Blusa blanca, falda escocesa, medias blancas y zapatos rojos

El uniforme... me ponía el uniforme otra vez, camisa blanca, falda escocesa, medias blancas, zapatos rojos.
El armario, siempre desordenado, no encontraba las medias blancas. Me enfadaba, le preguntaba a nena, a mi mama le decía que teníamos que comprar medias blancas para este tipo de ocasiones (¿Qué ocasiones? me pregunto yo ahora). Las únicas que había estaban mojadas, Anita se las había puesto un par de días antes para ir al colegio, ¿Cómo es posible que solo tengamos un par de medias blancas para las dos? Y ahí estaba yo en mi sueño, buscando las medias blancas, de uniforme, para ir al colegio…

Siempre el colegio

Los recuerdos del colegio suelen visitarme repetitivamente en mis sueños. El bosque que limitaba con el club el campestre, el entablado, el salón de desarrollo sensorial, el bloque nuevo, los salones de preescolar…
Anoche, el colegio de mis sueños, era distinto; niños y niñas corrían por la manga, séptimo, no quedaba en el bloque nuevo, lo habían trasladado a los salones de arriba, los que dan al museo al castillo. Junto a recepción, un bloque gigante, el parque de las golosas había triplicado su tamaño y desde la pasarela, apenas se podía ver la iglesia al fondo… Las salita de profesoras de dibujo estaba clausurada y no podía encontrar a Rosita ni a Florencia.
Después empezaron a mezclarse los recuerdos de ayer y de hoy, Luca sentado en unas mesitas que estaban afuera de los salones nuevos junto a recepción, bebíamos cerveza, ¿seguro estábamos en el gimnasio los pinares?
En los sueños aparecen personajes en lugares equivocados, es como si se hubieras equivocado de set, a veces en la universidad, aparecen compañeras del colegio y viceversa, en el colegio, aparecen mis compañeros de universidad… ahora Luca.

¿Por que sueño tanto con el colegio? ¿Qué intenta decirme mi inconsciente? ¿Qué hay detrás de todos esos recuerdos?

Al repasar libretas y cuadernos viejos, leo mis sueños. Tenia una siquiatra que me hacia escribirlos todos, era un buen ejercicio para exorcizar fantasmas, pero lo que me sorprende es que los sueños de hace ya casi 7 años no difieren mucho de los de ahora, siempre el colegio… siempre el colegio.

jueves, 31 de julio de 2008

En fase de reestructuración

Yo creía que eso de la crisis de los treinta era un mito urbano, a un par de días de cumplirlos, no estoy tan segura.

Hace 5 años, antes de partir a Barcelona, me leyeron el aura, verdad o no, me dijeron varias cosas, entre ellas que aquí me enamoraría y que finalmente, después de mucho tiempo, volvería a Colombia. De lo primero puedo dar fe: Me enamore perdidamente. De lo segundo, no se, pero quizás también tenían razón y después de 5 años deba emprender el camino de regreso.

Aquí estoy, a dos días de los treinta, un poco nostálgica, con ganas de estar entre los míos y celebrar.

sábado, 5 de julio de 2008

Week_end

Mi ropa huele a cigarrillo. Yo también. Siempre redacto mis post primero en word, tengo una ortografía pésima y me avergüenzo de ello. No se sobre que quería escribir, a veces pienso que deberíamos tener una especie de maquinita incorporada que transcribiera nuestros pensamientos, así nos ahorraríamos el trabajo de escribir, bueno, no de escribir, sino de volver a pensar en lo que hemos pensado, contemplado, analizado, mirando, y vaciarlo en un blog, cuaderno, diario, una especie de procesador de pensamiento, de grabadora, un dispositivo USB tipo disco duro externo o pen drive que tome nota de cada uno de nuestros pensamientos e ideas, por que cuando nos sentamos frente a la hoja en blanco, seguro se nos escapan muchas cosas.
Y eso, que no me acuerdo sobre que quería escribir. Tarde de viernes, primera parada: librería taifa, calle Verdi nº 12. Quería comprar un libro para Luca que había visto el domingo pasado, La palabra encendida, selección de textos de Cesar Manrique. Me pasee por las estanterías, esperando encontrar algo, no sabia muy bien que; hace días que no leo nada en concreto, desde que termine como escribir un guión de Gabriel García Márquez. Intente, nuevamente, leer Cortazar a propósito de mi encuentro fortuito con el, en la central del raval, pero no tuve éxito, me es demasiado difícil seguirlo. Leí algo de Berger, Siempre bienvenidos, una recopilación de varios ensayos que habían aparecido anteriormente en diferentes publicaciones, y me había propuesto para escribir un post sobre uno de estos textos en especial: Siempre decimos adiós, pero bueno, esto será otro día, hoy escribo sobre mi tarde de viernes, aunque me vaya por las ramas.
La vida instrucciones de uso, un libro de Geoge Perec que siempre he querido leer, La maquina de follar de Bukoski, Manual de redacción, un libro que descansa en la biblioteca de mi casa (espero), me acuerdo que lo compre o me lo habrá comprado mi papa hace mucho tiempo, no se con que fin, no se si estaba entre los libros de la lista escolar, en fin, hoy lo vi alli y me acorde que lo tenia alla, al otro lado del oceano, inalcanzable, en medio de millones de libros de la biblioteca de mi casa. (tengo suerte, creci entre libros, ahora es muy comun llegar a una casa y no encontrar mas que las paguinas amarillas como unico ejemplar de estos)
Un libro de Loriga, Días aún más extraños, pero era de relatos cortos y lo que necesito ahora es un poco de continuidad. Fui entonces a buscar La invencion de la soledad, de Auster y justo al lado, en la B que va despues de la A, encontré un pequeño libro, El dia de la mudanza, de Pedro Badrán, premio nacional de novela breve en Colombia y era este precisamente el tipo de el hallazgo que esperaba vagando entre las estanterías llenas de libros; contenta, pague y salí de la librería.
Segunda parada: Plaza de la Revolucio. Me senté en un banco donde aun llegaba el sol, hacia un tiempo verdaderamente agradable. Muchos niños corriendo de un lado para otro, mamas con cochecitos, abuelas y abuelos y unos cuantos jóvenes (las mamas con cochecitos también eran jóvenes) bebiendo cerveza. Abrí mi libro y me sumergí en la lectura, 106 paginas en un formato de 18 X 11.5cms, devoradas en una hora, palabras cercanas como asawin, se mezclaban entre el catalán que escuchaba a mi alrededor.
Acabe el libro con una sonrisa y la satisfacción de aquel encuentro fortuito (aunque intencionado, entre a la librería queriendo encontrar algo). Son apenas las 8pm, salí a las 5 de casa, me leí un libro entero y apenas son las 8, ¿que hago?
Tenía hambre y pereza de cocinar, tampoco estaba de ánimo para ir a comer sola a un restaurante. Me apetecía algo así mas del anonimato McDonals, incluyendo su sabor artificial, del vez en cuando me antojo y que como dijo Ani alguna vez, es uno de estos placeres solitarios que en una tarde de viernes de desparche total encaja perfecto en tus planes.
Las 9:30pm, otro paseo por el barrio, las mismas plazas, otra gente. Paso por el video club, resignada me dirijo a casa a ver una película, pero esta vez no tuve la suerte que en la librería, contemple las películas esperando que laguna me dijera algo, pero no, ninguna me hizo un guiño y salí con las manos vacías. Al final, suena el móvil, Emanuele, habíamos quedado de vernos, dice de encontrarnos en plaza del sol, paso primero por el opencor, no tenia yogut para el desayuno, además después de una hamburguesa de plástico tenia ganas de un helado de plástico de Häagen-Dazs, el de macadamia es mi preferido. Me siento a esperar. Entramos a un bar, una cerveza, pocas palabras. Y aquí estoy, sentada escribiendo este post oliendo a cigarrillo aunque me haya quietado la ropa, despues de una tarde de viernes matando las horas yendo y viniendo por las calles de esta que ahora, despues de cinco años tambien es mi ciudad.

Escribí de todo y de nada. Sigo sin recordar que quería escribir, en fin, otro día será.